NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA
Lo de que nadie es profeta en su tierra aplica perfectamente a la Garnacha. Los libros del siglo XVIII apuntan a que su origen fue Aragón, desde donde se expandió hacia el reino de Madrid. El destacado botánico y ampelógrafo español Simón Rojas Clemente describía la uva Tintilla de Rota —que daba origen al famoso Tinto de Rota, de buen color, mucha fruta y buen cuerpo— y en el fondo era otro nombre para la Garnacha.
Volviendo a nuestra era moderna, el 24 de septiembre de 2010 se celebraba en Londres el International Grenache Day. Los españoles, no podían entenderlo, lo pronunciaban con un inglés poco ortodoxo. Casi al mismo tiempo, Francia, México, Australia, Chile y varios otros países se sumaron a la celebración. En 2018, Zaragoza finalmente le rindió homenaje con un día y un simposio propios. ¡Al fin! Hoy es ya una tradición. Bravo.
Volviendo a su historia: a comienzos del siglo XVIII llegaron estacas de Garnacha desde Aragón a la zona francesa del Rousillon expandiéndose luego por el Languedoc y la Provence, donde ganó gran prestigio y pasó a llamarse Grenache, con esa pronunciación francesita tan chic. Tintos, rosados y ensamblajes, frescos, perfumados se disfrutaba en el mediterráneo.

La Garnacha se desarrolla especialmente bien en suelos graníticos y semiarenosos, donde logra toda su expresión. No contenta con esta conquista, cruzó el Mediterráneo y obtuvo excelentes resultados en Argelia y Túnez.
Así, tras dominar el Mediterráneo en tintos y rosados, y demostrar ser una excelente compañera de ensamblaje —sobre todo junto a su gran compañero el Carignan, aunque también trabaja muy bien con Syrah y Mourvèdre—, saltó al resto del mundo.
Está presente en las zonas cálidas de Australia, Perú y Bolivia, y por supuesto en Chile. En el Maule lleva dando que hablar desde mediados del siglo XX, aunque también nos ha sorprendido en valles como Casablanca, Limarí y Huasco.
La Garnacha es inconfundible: planta erguida, de aspecto sólido y gran vigor. Si no se controla en su momento de maduración, se "arranca con los tarros" y el vino puede terminar con un alcohol elevado. ¡Es medio diabla! Hay que quererla mucho, porque aguanta muy bien la sequía, lo que la hace especialmente valiosa en estos tiempos de calentamiento global.
Dirán ustedes que no da grandes vinos. Puede ser. Quizás no es un vino de guarda ni de alto valor, pero sí es un vino agradable, fácil de tomar, jugoso, que acompaña muy bien. Y si el momento y la compañía son especiales, para mí es un gran vino. Los invito a profundizar en la Garnacha.
Buen fin de semana, con cariño, Niki.






