SUITE DE RAÍCES Y LLUVIA
Dicen que a Charles Chaplin le encantaban los días de lluvia. Era su lugar secreto para llorar. Cuando la tristeza lo inundaba y necesitaba sacarla, aprovechaba las gotas de lluvia para que mojaran su cara y se confundieran con sus lágrimas.
Las vides también tienen su lugar secreto en los meses de lluvia. Están en reposo vegetativo y pareciera que descansaran, pero bajo tierra las raíces están comenzando a hacer su magia para la cosecha siguiente. Las vides se dividen en cuatro partes: las partes verdes, que son las que crecen cada año; la madera de un año, que luego crece; la madera vieja, que se va moldeando por medio de la poda y está formada por el tronco y los brazos; y finalmente, las raíces.
En países como Chile, que tenemos la maravilla de un clima mediterráneo con estaciones bien marcadas, el invierno trae lluvia, y días como estos son fundamentales para las vides.
La función de las raíces en invierno es absorber agua y nutrientes del suelo, anclar la vid y almacenar los hidratos de carbono que la planta necesita para pasar la estación fría. De ahí la importancia de suelos con buen drenaje: para que el agua baje y todo el sistema radicular pueda absorberla y cumplir su labor de almacenaje. Es un sistema casi perfecto, pura inteligencia natural. Las raíces son tan largas y profundas como alta es la parte aérea de la planta.
¿Y qué pasa en primavera y verano? En los meses secos, cuando ya no hay precipitaciones ni riego, todo lo almacenado por las raíces en invierno comienza a distribuirse hacia la parte aérea de la planta. De manera casi programada por la naturaleza, las raíces van hidratando según sus necesidades a los diferentes racimos. Esto es fundamental, ya que las uvas deben seguir su desarrollo con todo lo que las raíces han acumulado.
Cuando se acerca el momento de la cosecha y cuelgan racimos y follaje, se realiza una labor de campo muy importante: bajar la cantidad de hojas de las parras. Esta tarea se hace a mano y tiene por objetivo liberar el paso del agua desde las raíces hacia la fruta. Las raíces entregan agua a la planta sin distinguir si es fruta u hoja, y si hay demasiado follaje, este compite con la fruta por la misma cantidad de agua. Eso sí, no todo el follaje debe retirarse, ya que también se necesita sombra. Ahí está precisamente la mano del viticultor: en definir estas faenas con criterio y experiencia.
Hoy hablamos desde otra dimensión del vino, de su génesis. Esta lluvia me inspiró y me puso contenta, porque las raíces recibirán agua y tendrán alimento guardado para dar buena fruta. Eso, para mí, es pura felicidad. El vino es un producto patrimonio de la humanidad que ha acompañado la historia por millones de años, y que llueva es, simplemente, asegurar su continuidad.
Buen fin de semana, con cariño,
Niki






