La “Royal Family” de las variedades

El Padre, Cabernet Franc, La hija Carmenere y el pequeño Cabernet Sauvignon.
En el Médoc, esa zona de Francia considerada el "barrio alto" de los grandes vinos del mundo, el viñedo del siglo XVI estaba conformado por seis variedades: las llamadas variedades tradicionales, clásicas, continentales o bordelesas.
Eran seis. Y tres de ellas pertenecían a la familia de las Vidure —término del francés antiguo que hace referencia a la leña dura de la vitis. Es decir la parte leñosa de la planta que la diferencia de las otras variedades. El Cabernet Franc, padre de muchas variedades, lleva también el nombre de Grosse Vidure (leña gruesa); y en el Médoc lo acompañaban dos de sus hijos: el Petit Vidure (leña delgada) —hoy conocido como Cabernet Sauvignon— y la Grande Vidure (leña grande) —la Carménère. Estas tres variedades de la familia Vidure, caracterizadas por su leña , eran la verdadera realeza de los vinos de Burdeos: aportaban estructura, notas potentes, envejecían con elegancia y constituían la columna vertebral de los grandes ensamblajes.
A ellas se sumaban el Merlot, el Malbec y el Petit Verdot —no menos importantes—, responsables de los aportes de fruta roja y negra, especias, color y el acabado final que define los blends bordeleses.
Así, cuando se hablaba de los tintos del Médoc o de Burdeos, estas seis variedades eran la base de todo.
A mediados del siglo XIX, sin embargo, Europa fue devastada por la filoxera. La Carménère resultó ser la única variedad que no toleró la solución adoptada —el reinjerto sobre portainjertos resistentes— y cayó en el olvido, y partió a su gran viaje en el total anonimato hacia América, donde sufrió de confusión. Los demás resistieron, y la familia real quedó reducida al Cabernet Franc (el padre), y su hijo Cabernet Sauvignon (hijo), que no solo resistió, sino que además viajó y se adaptó de una manera brillante por todo el planeta.
En 1855, cuando Napoleón III ordenó clasificar el Médoc y se estableció el sistema de Denominaciones de Origen, los Premier Cru y los Cru, las zonas protegidas —Margaux, Pauillac, Saint-Julien, Saint-Estèphe, Listrac-Médoc y Moulis-en-Médoc— ya contaban solo con cinco variedades clásicas. Así, cuando hoy mencionamos un Bordeaux, un tinto de Bordeaux o un AOC Pauillac, estamos hablando de un vino elaborado a partir de esas cinco variedades.
Hoy, gracias a su reencuentro en Chile hace treinta años y al calentamiento global, la Carménère —perdida durante 120 años— está volviendo a su tierra de origen, el Médoc, para reencontrarse con su hermano el Cabernet Sauvignon y su padre el Cabernet Franc.
Buen fin de semana, con cariño,
Niki






