Vermut, ¿que es y cómo se hace? Historia y Variedades
A finales del siglo XIX, mientras el mundo se transformaba muy rápido en muchas áreas —el ferrocarril, el vapor, el telégrafo— el mundo comenzaba a interconectarse como nunca antes, la industria de las bebidas vivía su propia revolución silenciosa: nacía el Vermut.
En ese mismo período, Estados Unidos ardía con la Fiebre del Oro y el Art Nouveau seducía con sus curvas hipnóticas. Era una época de muchísima imaginación . Y fue precisamente en ese espíritu creativo donde alguien tuvo la brillante idea de enriquecer el vino con esencias botánicas —principalmente ajenjo y hierbas locales— dando origen a esta maravilla.
¿Es el Vermut un vino? Sí. Pertenece a la categoría de los vinos enriquecidos o fortificados. Su base es vino —al menos un 75% del contenido—, generalmente blanco y de origen local. A este se le añade alcohol vínico, se reduce la temperatura y se infusiona con botánicos: cáscaras de frutas, clavo, caramelo (en la receta italiana clásica) y, de manera indispensable, el ajenjo. Este último no solo aporta propiedades medicinales, sino ese amargor tan característico, tan gastronómico, tan ay! que nos fascina.
Sus variantes principales son tres: el Rosso o Rouge, el clásico italiano de color tinto; el Dry o Seco, protagonista de la coctelería más sofisticada y con menor contenido de azúcar; y el Blanco, fresco y con notas cítricas.
El éxito del Vermut a comienzos del siglo XX no fue casualidad. La Reina Margarita de Saboya lo convirtió en un infaltable de las reuniones de la alta sociedad turinesa —la primera gran influencer de la historia— y el producto despegó con el sello del Brevetto Reale, el equivalente a la patente real del éxito.
En España, los jerezanos no quisieron quedarse atrás: en 1896, González Byass lanzó su emblemático Vermut, conocido entonces como "vino medicinal" o "vermut digestivo", presente en botiquines y mesas de toda la península.
Y Francia, con su Vermouth de botánicos alpinos, inundó la Costa Azul de carteles estéticos al estilo Art Nouveau, elevando el vermut a símbolo de sofisticación, que no faltaba en ninguna cubierta de ninguna embarcación del Mediterráneo. Su versión Dry alcanzó el estrellato cuando se convirtió en la base del cóctel que inmortalizó otro gran influencer: el mismísimo James Bond.
¿Cómo tomarlo? Hay mil formas. Pero yo siempre vuelvo a esa frase, tan sexy: "Shaken, not stirred." Sacudido, no revuelto.
Buen fin de semana, con cariño,
Niki






